La familia es el primer agente motivador y representa un factor importante en la formación del alumno, igualmente cuando en la familia hay problemas y el niño o la niña los viven influyen en su conducta y en su rendimiento escolar, Así como también, cuando la familia demuestra interés por la educación de los hijos e hijas, se preocupa por su estadía en la escuela, están en contacto con el maestro o maestra, el rendimiento es más positivo pues hay una conexión casa-escuela que el niño percibe y que llega a repercutir en su actividades escolares. Debemos recompensar mediante elogios a nuestros niños no solo en las actividades académicas sino también en capacidades y actitudes en el hogar, enseñarles la autodisciplina guiándoles en sus tareas escolares, no haciéndoselas siempre supervisando no controlando, si hacen sus deberes porque estamos ahí, en nuestra ausencia se negarán a hacerlos, porque la recompensa para él será nuestra compañía, nuestra atención, no el trabajo que él es capaz de realizar por sí mismo.
Debemos fomentar la pasión por el aprendizaje mostrando interés por sus
trabajos, ofreciéndole nueva información, acudiendo con él a la biblioteca,
visitando museos, navegando por internet, siempre adaptándonos a su capacidad
de aprendizaje. Enseñarles a tolerar la
frustración, el fracaso, a través de nuestro ejemplo y ayudándole a que lo vea
como una oportunidad para crecer, para mejorar, tomando conciencia de la causa,
creando y planificando posibles soluciones que le puedan ayudar en el futuro a
no cometer el mismo error.
En conclusión el rendimiento escolar no depende exclusivamente de la capacidad intelectual de nuestros hijos. Los padres tenemos un papel activo en el desarrollo del mismo y podemos ayudarles a hacer frente a las dificultades escolares. Es importante que conozcamos la o las causas que pueden estar interfiriendo en las mismas para darles solución.
.jpg)